lunes, 20 de mayo de 2013

El “fantasma del trotskismo” y la huelga de la COB (o sobre las límites del gobierno de Evo Morales)




Eduardo Castilla

Hace más de 150 años Marx y Engels empezaban su célebre Manifiesto invocando al fantasma del comunismo que recorría Europa y asustaba desde el Zar hasta Guizot, pasando por Metternich entre otros. Hoy podría decirse que el fantasma del trotskismo asusta, una vez más, a los gobiernos que emergieron en América Latina tras la crisis del neoliberalismo. Ese fantasma y no otro, es el que invocó hoy, en su discurso en Cochabamba, el vicepresidente García Linera, cuando acusó a la dirigencia trotskista de tocar las puertas de los cuarteles “para promover golpe de Estado”. Extraña acusación viniendo del gobierno que puso en funciones en la embajada de Argentina a un militar que estuvo durante más de 30 años al servicio de la fuerza aérea, es decir que pasó por los gobiernos de Sánchez de Lozada y Carlos Mesa entre otros. Extraña afirmación viniendo de un gobierno que garantiza a las fuerzas represivas cobrar el 100% de jubilación, no así a los trabajadores.
La acusación de golpista hacia el trotskismo no es nueva ni original. En la Argentina varias veces, bajo los gobiernos de Néstor y Cristina, Aníbal Fernández, un inefable especialista en el macartismo local, se convirtió en especialista de acusar a dirigentes trotskistas de incendiar formaciones de trenes o destruir las estaciones. La demonización del trotskismo es un recurso fácil para gobiernos que tienen que enfrentar la emergencia de la bronca popular por sus enormes límites para dar solución duradera a problemas profundos que viven las masas.

Los límites del gobierno de Evo

Quedan en evidencia, como ocurre en Argentina y en Venezuela a distintos niveles, los límites económicos y sociales de los gobiernos posneoliberales. Gobiernos que emergieron para canalizar el enorme ascenso de masas de principios de este siglo y el descontento con los partidos patronales que habían implementado los planes ideados por el FMI y el capital financiero internacional.
En Argentina, el fin del “nunca menos” se expresa crecientemente en los techos a las paritarias, el “blanqueo” de dólares para los especuladores y una política de no tocar los intereses de los grandes capitalistas. En Venezuela, el gobierno de Maduro llevó adelante dos devaluaciones de la moneda desde fines del año pasado. Una parte del caudal electoral que se trasladó a Capriles es el resultado de esa política que tiene poco de socialista y mucho de burguesa.
Las movilizaciones en Bolivia están evidenciando los límites del gobierno de Evo para tocar aspectos del andamiaje estructural del país. La ley de pensiones que propone no toca el nudo del sistema implementado por Sánchez de Lozada en 1997, no modifica los miserables aportes patronales (que están en el 3%) ni la base individual del sistema. El gobierno se niega a tocar los intereses de los capitalistas. Aquí se señala que “si los patrones y el Estado aportaran al menos 6% y 2%, respectivamente, todos podrían jubilarse con el 100% de su salario”
Otro ejemplo brutal lo ponen los mismos “defensores” del “capitalismo andino-amazónico”. Como se afirma en esta nota (completamente imparcial y llena de suspicacias contra la COB y las organizaciones obreras) “en Bolivia existe un trabajo informal del 75%, según informó el propio ministro de Economía”. No está de más recordar que Evo pelea por ser electo por tercera vez en 2014. Es decir, el altísimo nivel de precarización laboral (o informalidad) no puede ser atribuido a la “herencia neoliberal”.

Un “fantasma” con cierta carnadura

Las acusaciones contra el trotskismo y sus alianzas con la derecha no son nuevas en la historia de la lucha de clases. El arsenal estalinista ha dado sobradas muestras de proveer este tipo de calumnias y acusaciones. El maoísmo (un estalinismo de segunda época) no dejó de lado este tipo de acusaciones. La “tradición” maoísta de García Linera posiblemente colaboró en las declaraciones de esta tarde.   
Pero el “fantasma del trotskismo” tiene sus raíces en la lucha independiente de clase obrera. El fantasma es la clase obrera movilizada, superando los límites que quieren imponerle gobiernos nacionalistas burgueses que, más allá de su retórica populista, defienden los intereses de clase de los capitalistas. El trotskismo es el “fantasma” de la clase obrera actuando de manera independiente de las burocracias sindicales, que hacen lo imposible por regimentar su acción o limitarla al plano de las demandas corporativas.  
Algo de ese fantasma se está viendo en las calles de Bolivia. Como se señala acá “también se está produciendo un fenómeno nuevo, que no se daba ni siquiera en la época de los levantamientos nacionales del 2000-2005, como ser la huelga y el paro de labores en las fábricas y en algunas empresas de servicios. El ejemplo lo dio Huanuni con una huelga que está afectando a la COMIBOL (Corporación Minera de Bolivia), además de ser un poderoso ejemplo para el resto de los trabajadores del país”. La enorme huelga de la COB tiene entre su vanguardia a los mineros como se señalamos acá y a los integrantes del Magisterio que hoy lunes, se movilizaron a pesar de la política de la dirección de la COB de intentar negociar sin acciones.
Por su parte, Evo convocó a las movilizaciones de sus bases de campesinos  y pueblos originarios. Movilizaciones que esta tarde llenaron las plazas de Cochabamba y La Paz entre otras ciudades, poniendo de manifiesto una política gubernamental de utilizar a las organizaciones campesinas contra las acciones obreras. El pretendido “golpismo” que enarbola la dirección del MAS es una maniobra para impedir el desarrollo de la lucha obrera y para no tocar las ganancias de las grandes empresas. La consecuencia de la negativa a tocar el interés de los capitalistas es una política potencialmente fratricida, de peleas entre sectores oprimidos y explotados como los campesinos y los trabajadores, como se vio hace pocos días en Potosí.
Quiénes acusan el pretendido “golpismo” de la COB se niegan a ver que es precisamente esta negativa a tocar los intereses de la clase capitalista lo que abre el camino al desarrollo de sectores que puedan atacar abiertamente la movilización social y las medidas de lucha. La misma declaración del paro como ilegal, que realizó el gobierno el fin de semana, abre las puertas a despidos de trabajadores por parte de los capitalistas.
Precisamente sólo una salida desde el programa del trotskismo, que rompa abiertamente las ataduras del país al capital, tanto extranjero como nacional, podrá poner el conjunto de los recursos de la nación en función de dar salida a los problemas profundos de las masas obreras y populares. Si el “fantasma” del trotskismo logra hacerse plenamente carne, en una organización revolucionaria que sea capaz de pelear por la conquista del poder y la revolución socialista, será posible retomar y finalizar las tareas abiertas por la Revolución del 52’, la de liquidar el capitalismo de conjunto y poner de pie un verdadero gobierno de los trabajadores, el pueblo pobre, los campesinos y los pueblos originarios. 

sábado, 18 de mayo de 2013

El genocida que no se arrepintió. Apuntes sobre la muerte de Videla



Eduardo Castilla

Seguramente muchos la sentimos, como la sintió el amigo Turco, pero casi ninguno lo dijo. La hipocresía ganó nuevamente los medios y al conjunto de la casta política. En ese marco, no faltaron quienes intentaron igualar a Videla con los Kirchner como lo hizo la insufrible Laura Alonso, exponente de raza del gorilaje local.
Tampoco quienes quisieron hacer de Videla el “emergente de la época” como si las sociedades fueran un bloque sólido completamente homogéneo. La “cultura autoritaria” de Lanata parece ser el patrimonio de los millones de argentinos, como si no hubiera habido una brutal actividad de persecución, secuestro, torturas y asesinato. Videla no fue un asesino suelto y en eso tiene razón. Pero fue la cara visible de un proceso de genocidio contra una franja de la sociedad. La figura de genocidio remite necesariamente a un plan premeditado, a un accionar consciente, a la planificación de la desaparición de un sector de la población. No hay “cultura autoritaria”, hay instituciones que cumplen la función de normativizar la sociedad en función de los intereses de una minoría. Hay dominación de clase y normalización de clase.    

El genocidio fue de clase. La franja social que fue perseguida, torturada y desaparecida estuvo integrada en su mayor parte por la clase trabajadora y el pueblo pobre. No fue un grupo étnico sino un grupo social. El genocidio buscó liquidar  a una clase obrera que, con sus métodos de lucha, empezaba a poner en cuestión el conjunto de dominio de la clase capitalista. Una clase que había sorteado la dictadura de la llamada Revolución Argentina, que empezaba a superar ese escollo político-ideológico que era (y es) el peronismo, que amenazaba la propiedad privada capitalista con cada toma de fábrica.
Precisamente por eso no se puede dejar de nombrar el protagonismo de clase de los capitalistas. Si hubo un genocidio, hubo un plan para llevarlo adelante. Quiénes escriben y cronican hoy sobre la muerte de Videla, omiten mencionar que muchos centros clandestinos de detención funcionaron dentro de empresas. “Olvidan” mencionar al empresariado argentino como motor de ese genocidio. El plan económico de Martínez de Hoz es la mejor expresión de ese carácter de clase.  La estructura social y económica “heredada” de la dictadura se mantuvo y profundizó durante el menemismo para no alterarse sustancialmente bajo la Argentina kirchnerista. Néstor ordenó descolgar los cuadros, pero dejó intacto el dominio del gran capital imperialista sobre el país que los rostros de aquellos cuadros pusieron en escena.

Nunca se arrepintió. Videla encarnó, a su manera, el “carácter urgente” del golpe militar, la situación sin alternativas, su “necesariedad” para la clase dominante. Al igual que Menéndez, siguió justificando el Golpe hasta último momento de su vida. ¿Cuál es la lógica del no-arrepentimiento? ¿Se puede negar que, desde el punto de vista de la clase capitalista, fuera la única salida posible? El Golpe militar tenía una misión de carácter fundamental para la clase dominante: el aniquilamiento de una generación que amenazaba barrer con la sociedad.
“Estaba en juego la república; había que evitar que la Argentina fuera otra Cuba” afirmó el genocida hoy muerto ¿Qué significaba otra Cuba? El triunfo de esa revolución social que latía en las masas en su conjunto y sobre todo en la clase obrera. Si, como dice el torturador muerto, la guerrilla ya había sido derrotada a inicios del 76’, el golpe debía tener otro objetivo: derrotar a una clase poderosa que, enfrentando crecientemente al peronismo en el poder, desafiaba el orden burgués. Esa misión sólo podía cumplirse con un salto represivo brutal que se expresó en el Genocidio. Durante estos años, Videla actuó “preservando la memoria histórica” de las fuerzas represivas acerca de su verdadero rol, de su papel de garante, como “envoltura amarga”, del capital. Precisamente por eso no se arrepintió. Las fuerzas armadas, desde su punto vista, jugaron el papel que debían jugar: la defensa del orden social burgués.

¿Videla fue un traidor como dice Sarlo? Sí y no. Desde un punto de vista “institucional” evidentemente quebró la confianza otorgada por el gobierno de Isabel. Desde el punto de vista de sus intereses de clase no. El recurso a Videla fue la “solución final” de una clase social que no podía frenar el ascenso en curso de la lucha de clases. Precisamente porque no fue un traidor a su clase es que puede afirmar, como lo hace acá, “durante cinco años hice prácticamente todo lo que quise. Nadie me impidió gobernar”. Fue el garante del inicio de una transición en el capitalismo argentino. Transición que, en primer lugar, implicaba salvar a ese mismo sistema capitalista del peligro del “sucio trapo rojo”.

murió como debía morir, donde debía morir y en una época cuya mera existencia hizo todo lo posible por impedir” escribe Mario Wainfield. ¿Ésta es la época que Videla pretendía impedir? Categóricamente no. Videla salvó a la Argentina capitalista, salvó su dominación de clase. Hay una operación ideológica en la afirmación. Videla no se oponía a la democracia burguesa. “Había una finalidad, que era lograr la paz sin la que hoy no habría una república, salvar un país que estaba siendo agredido por el terrorismo subversivo” le dice a Ceferino Reato. La “república” para Videla, era la defensa de la propiedad privada capitalista, la continuidad de un dominio social y político que se veía amenazado por las masas insurgentes, la continuidad de un orden “occidental y cristiano” donde instituciones como la Iglesia y las Fuerzas Armadas fueran pilares fundamentales.
En la Argentina kirchnerista esos pilares siguen intactos. Las fuerzas armadas y policiales, más allá de la condena a algunos pocos genocidas, siguen infestadas de represores que actuaron bajo las órdenes del gobierno militar entre 1976-1983. Son las mismas fuerzas represivas que están tras los miles de casos de gatillo fácil, redes de trata y desaparición de personas. Escribimos esto cuando se cumple un mes más de la desaparición de Jorge Julio López. Desaparecido en esta democracia por declarar en contra de sus torturadores. Esa es la confirmación más terrible y más palpable de que una parte central del aparato represivo sigue intacto.
Si las fuerzas represivas siguen intactas, la Iglesia no ha corrido peor suerte. En la Argentina kirchnerista, la reaccionaria institución que tanto reivindicó Videla se sigue oponiendo al derecho al aborto libre, legal y seguro siendo cómplice de esta forma de las cientos de muertes de mujeres por llevarlos a cabo en condiciones de precariedad. Mientras, CFK se abraza con Bergoglio.

Videla murió en la cárcel. Mientras aún miles de genocidas gozan de impunidad o encontraron la muerte sin ser juzgados, quedando completamente impunes. Los empresarios que dieron el golpe sólo fueron juzgados en cuenta gotas. Martínez de Hoz encontró la muerte impune. Luis Bruschtein escribe hoy que “La muerte de Videla generó alivio. Tal vez en muchos sí. En muchos otros, miles de sensaciones encontradas.
Pero no existe el “alivio estratégico” en el marco de una sociedad donde anidan las mismas contradicciones que llevaron al ascenso revolucionario de los setenta y al golpe militar que le puso un freno. No puede haber alivio mientras la clase dominante tenga en sus manos el poder de un enorme aparato de represión con cientos de miles de cañones apuntando sobre la sien de la clase trabajadora y el pueblo pobre. La muerte de Videla no hace cesar las batallas en curso. La lucha por la cárcel a todos los genocidas y sus cómplices sigue siendo una tarea estratégica. 

Yo sí festejé la muerte de Videla (reposteando)

Reposteamos al amigo Demián de El Diablo se llama Trotsky citando a mi amigo Jorge “Turco” Sobrado, ex detenido durante la dictadura, y militante del CeProDH y el PTS
 

Y si… mal que les pese a todxs lxs hipócritas que en estas horas salen por radio y televisión a decir que no festejan la muerte de nadie preparando el terreno para el futuro discurso de”que murió en la cárcel y pago la condena…etc etc etc……..yo quiero gritar bien fuerte  que aunque sea un rato festeje que este genocida que se llevo la vida de 30.000 merecía ser festejado. Merecemos festejar aunque sea un rato en nombre de los que morían en la tortura  a nuestro lado en los campos de concentración merecemos festejar los que luchamos inclaudicablemente contra la ley de punto final y obediencia debida, contra los indultos y contra los juicios retaceados de los K que descubrieron los DDHH en el 2003 que fue esta lucha la que permitió que muriera en la cárcel y no en su casa. Es un festejo con bronca , con odio de clase, mucho odio, es un grito contenido que viene desde el fondo de la historia. Ya se que no cambia nada y que miles de genocidas siguen libres y a los  cuales tenemos que seguir persiguiendo. para meterlos presos en cárcel común  Como no festejar aunque sea un rato la muerte de este chacal que se llevo la vida de tantos valiosos camaradas… que hoy se aparecieron sonrientes tal cual eran en mi cabeza. Fue un recreo chiquito muy chiquito ….para recargar el odio porque después del festejo queda no ya Videla sino la muerte de los Qom, las muertes del Indoamericano, los pibes caídos bajo el gatillo fácil  queda Julio Lopez y Luciano Arruga, queda Silvia Suppo, Mariano Ferreyra …. y sigue la lista porque lo que sigue es un Estado represor intacto que hoy sigue actuando en el Borda, en Lear y en cuanto conflicto obrero haya, pese a que para algunos hoy sospechosamente en silencio, alcanzo con bajar el cuadro y meter en cana a algunas decenas de milicos y ningún empresario ni civil cómplice  Por todo esto les digo a todos los hipócritas que salen por televisión habiendo sido en muchos casos cómplices que YO SI FESTEJÉ.

lunes, 13 de mayo de 2013

Algunos apuntes sobre la huelga de la COB: clase obrera: posición estratégica y capacidad hegemónica


Paula Schaller 


La gran huelga que viene protagonizando hace ya una semana la Central Obrera Boliviana (COB) contra la ley de pensiones del gobierno de Evo Morales, vuelve a poner en el centro de la escena la enorme potencialidad de lucha de la clase obrera boliviana. La huelga no sólo desató una dura respuesta de Evo Morales, que fracasado su intento de aislarla y restarle apoyo social tildándola de corporativa pasó a una política abiertamente represiva, encarcelando a casi 400 huelguistas e hiriendo a decenas en dos días, 
sino que permitió (en alguna medida como respuesta a la política gubernamental) la consolidación de un frente único de lucha de distintos sectores del movimiento obrero y estudiantil alrededor de la federación minera (FSTMB). La huelga sigue en curso y habrá que esperar su desenlace para un balance de sus resultados, que se definirán en gran medida a partir de lo que suceda con la nueva mesa de negociación abierta a partir de anoche (domingo) entre el gobierno y la COB para discutir la ley de pensiones. Pero lo que es claro es que por su significación social y política ya marcó un nuevo salto en el proceso de ruptura de amplios sectores del movimiento obrero con el gobierno masista. Apuntamos aquí algunas reflexiones al respecto. 

La "posición estratégica" del sector minero

El sector minero, puntal de la huelga, nuevamente vuelve a mostrar su centralidad social, devenida de su histórica centralidad económica que a lo largo de décadas le permitió ubicarse como vanguardia del movimiento obrero y de masas. Tomando el concepto de Womack (con su correspondiente adaptación al caso, ya que este esencialmente se refiere a "posiciones" al interior de una industria o rama) podríamos plantear que el sector minero ocupa una "posición estratégica", es decir, concentra el poder material que deviene de ocupar una posición técnica o industrial fundamental. Este carácter fundamental está dado tanto por la capacidad de paralizar la actividad de otros sectores como por la capacidad de afectación de las ganancias capitalistas. En este sentido, si toda huelga revela que el trabajo es no sólo fuerza creativa sino al mismo tiempo su contrario, las huelgas en los sectores estratégicos de la economía multiplican esta "fuerza destructiva", lo que Womack sintetiza diciendo "a diferencia de otras, la del trabajo es fuerza no sólo en el sentido positivo, por lo que aporta, por la producción, sino también en sentido negativo, por lo que quita o resta a la producción cuando deja de operar, que es muchísimo en el caso de las posiciones industrial y técnicamente estratégicas." (Womack. Fuerza obrera y posición estratégica). Como se dice acá, el propio gobierno salió a declarar, por intermedio del Ministro de Minería y Metalurgia, que la huelga en la mina estatal Huanuni estaba causando una pérdida de 500 mil dólares por día. Descontando que la cifra pueda estar relativamente inflada por el gobierno en un intento de demonizar la lucha y generalizar el miedo entre los trabajadores por un posible cierre de la mina, no deja de ser relevante la capacidad de afectación de ganancias que produce un paro minero, por la gravitación sobre la economía de una actividad que es la segunda industria extractiva de Bolivia después de la hidrocarburífera. Fue alrededor de esta "posición estratégica" que los mineros bolivianos consolidaron históricamente capacidad de encabezar la lucha económica y política, con su punto más alto en la revolución del '52 en la que este sector actuó como vanguardia tanto política como militar, armando las milicias que sustituyeron al Ejército burgués y desarrollando el programa más avanzado que daría el movimiento obrero boliviano expresado en las Tesis de Pulacayo. 

Capacidad hegemónica

La huelga demostró la capacidad del sector minero de motorizar tras de sí la acción de otros sectores del movimiento obrero. Desde el inicio de la huelga el gobierno de Evo Morales intentó aislar a los mineros mostrándolos como una suerte de "aristocracia obrera", como declaró el Ministro de Trabajo "El 85 por ciento de nuestros trabajadores están ganando hoy menos de seis mil bolivianos y ellos son los beneficiarios de este Fondo Solidario. ¿Entonces, por favorecer al otro 15 por ciento vamos a poner en riesgo la jubilación de estos?", intentando ganar base social para la ley de pensiones y tirar al resto del movimiento obrero contra los mineros. Pero la dinámica de la huelga fue la contraria: con el correr de los días, se sumaron al paro los fabriles de Cochabamba (que desde el primer día realizaron bloqueos en distintos puntos), los maestros cruceños, cochabambinos y paceños, los salubristas, los empleados de las universidades, entre otros. Se consolidó un frente único del movimiento obrero con los mineros como vanguardia. Lo que explica la incapacidad del gobierno de aislar las demandas mineras del resto del movimiento obrero es precisamente la autoridad conquistada por un sector que a lo largo de décadas fue un participante activo de la lucha social, siendo parte del frente único que, con los cocaleros y la FEJUVE de El Alto a la cabeza,  protagonizó los combates que terminaron con la caída de los gobiernos neoliberales de Sánchez de Lozada y Mesa. Esta tradición de lucha, sumada a (y en parte debido a) su "posición estratégica", le da al sector minero "capacidad hegemónica", es decir capacidad de universalizar sus demandas y acaudillar al resto de los sectores tomando las suyas, en este caso la demanda de una jubilación de 8 mil bolivianos para el sector minero y de 5 mil bolivianos para el resto de los trabajadores. El sector minero, vanguardia del movimiento obrero, tiene a Huanuni como sector de avanzada. En los últimos años, el sindicato de Mineros de Huanuni se ubicó como puntal de la lucha contra la política minera de Evo de colaboración con el capital privado y extranjero, defendiendo la nacionalización y luchando por el control social de la Empresa Minera Huanuni, desarrollando una política no corporativa (expresada por ejemplo en que pelearon por la incorporación de mineros cooperativistas como asalariados a la estatal Huanuni) cuestión que lo llevó a ser el foco de la represión del gobierno en varias oportunidades. No es casualidad que Evo saliera durante la huelga a atacar abiertamente a este sector, aprovechando la oportunidad para tirarse en contra de la nacionalización "Quiero decir con mucha sinceridad a mi me desmoraliza seguir estatizando o nacionalizando otros centros mineros o hacer nuevas empresas del Estado para que los trabajadores después lleven a la quiebra, se distribuyan todas las utilidades, empresas en déficit o finalmente trabajadores como ya ven destrozando caminos”. Es que para Evo es una necesidad estratégica derrotar a un sector que plantea una perspectiva independiente y que hoy, a diferencia de los alzamientos de 2003 y 2005, claramente se ubica como cabeza del movimiento de masas. 
De hecho, el protagonismo actual de la COB muestra un proceso de recomposición obrera en Bolivia, expresado en un movimiento obrero que pasa a la ofensiva: la COB no salió a la huelga respondiendo a algún ataque directo como despidos, rebaja salarial, etc. sino que en última instancia está disputando con el gobierno de Evo Morales la distribución de la renta interna. Este hecho, además de hacer que la negociación abierta sea difícil por la dura postura que ha mostrado en estos días el gobierno negándose a ceder a las demandas (cuestión por la que no podemos descartar que la negociación fracase y se vuelvan a generalizar las acciones); marca la profundidad de la brecha abierta entre el movimiento obrero y el gobierno, precisamente porque en todos estos años Evo Morales no le dio a la clase obrera ninguna conquista importante, le impuso techos salariales por debajo de la inflación e intentó avanzar sobre sus condiciones de vida, como cuando intentó imponer el aumento sideral de la gasolina en 2010 (el gasolinazo). 

Hegemonía social y hegemonía política: el Partido de Trabajadores y la lucha política al interior de la COB

En Bolivia estamos ante la histórica posibilidad de que la oposición social al gobierno de Evo, que comienza a generalizarse en capas más amplias del movimiento obrero, se convierta en una fuerte oposición política de clase alrededor de la formación del Partido de Trabajadores impulsada por la COB. Operar ese paso es el principal desafío de la hora, logrando poner en pié un partido obrero militante con una política independiente de toda variante patronal.  La huelga permite mostrar parcialmente la enorme potencialidad de un Partido de Trabajadores si se desarrolla como un partido de combate capaz de organizar y dirigir la acción de cientos de miles en la lucha de clases y no como un como un mero instrumento electoral para la negociación por arriba.  En este sentido, la ubicación de lucha de la COB, en parte radicalizada por la respuesta represiva del gobierno, deja a la defensiva a los sectores masistas de la central, que intentan evitar que el Partido de Trabajadores adopte un programa independiente y una estrategia basada en la lucha de clases para convertirlo en una herramienta electoral subordinada al MAS. Pero la dirección de la COB desaprovechó la oportunidad de utilizar la huelga para afianzar la idea del Partido de Trabajadores, desplegando un programa que ligue las reivindicaciones económicas a las políticas y eleve la lucha social al planteo del problema del poder en Bolivia. El propio Evo Morales hizo más referencias al Partido de Trabajadores durante la huelga que la misma COB, en un intento de quitarle legitimidad  por estar motorizada por "intereses políticos". Esta es una lucha  política que hasta el momento la COB ha omitido dar en la huelga, perdiendo la oportunidad de afianzar la idea del Partido de Trabajadores no sólo ante las amplias franjas del movimiento obrero en lucha sino ante los sectores pasivos como el campesinado, mostrando la necesidad de un partido que organice la lucha en las calles contra la política antiobrera de Evo Morales. Ese es el desafío y la discusión política planteada al interior de la COB, donde es clave el rol que puedan jugar los sectores de vanguardia de Huanuni , que defienden la perspectiva de un partido organizado democráticamente desde las bases e independiente de toda variante burguesa. Los revolucionarios de la LOR-CI pelean activamente al interior de la COB junto con los mineros de Huanuni por un Partido de Trabajadores ligado a la lucha de clases, en la perspectiva del desarrollo de un fuerte partido revolucionario en Bolivia.  

viernes, 19 de abril de 2013

Sobre el militante revolucionario




Juan Pablo Aguilar

El militante revolucionario, incluso desde antes de asumirse como tal, sufre una larga serie de cambios y nada vuelve a ser igual desde que comienza a abrazar las ideas revolucionarias y las empieza a hacer carne. Pasa del malestar al descontento, del descontento a la disidencia, de la disidencia al enojo y del enojo al odio, al odio de clase. Ve como las clases opresoras atacan a los oprimidos, lo ve y lo siente, porque a él también lo atacan y se da cuenta que debe defenderse y atacar también, porque si no es presa fácil de esa clase que no va a detener su ataque para conservar sus privilegios. Sale a luchar con los oprimidos, con los vulnerados, con las víctimas más sentidas de un sistema opresor y a través de esa lucha y de entender que rol cumple cada clase se asume como perteneciente a esa clase, a la clase oprimida y toma la lucha en sus manos.

No es fácil para quienes son parte de un gran sistema que siempre intentó taparles los ojos, los oídos y las bocas y que permanentemente los presiona para que no se salgan de los limites pre establecidos, y menos aún para quienes más sufren ese sistema, para los más vulnerados, esos que tienen que trabajar cada vez más horas, si es que pueden conseguir un trabajo precario, solamente para poder alimentarse y alimentar a su familia. Pero el militante revolucionario tiene algo a su favor, su convencimiento, ese que en los tiempos más duros le impide flaquear, ese que hace que no dude si tiene que poner el cuerpo a la lucha, ese que hace que quiera romper con hasta su última contradicción, porque esas contradicciones son una expresión de otra clase, a la que el militante revolucionario no pertenece ni quiere pertenecer. Ese mismo convencimiento que el revolucionario permanentemente alimenta y debe alimentar, desde que empieza a desarrollarlo, y que hace que confíe en la victoria de sus ideas revolucionarias, tal vez no en lo inmediato, tal vez después de muchas derrotas, tal vez cuando ya no esté para presenciarlo, pero sabe y esta convencido de que van a triunfar y se dispone a luchar por ese triunfo, sabiendo que tiene muchas cosas en contra, sabiendo que será perseguido, que será atacado, que enfrenta a todo un sistema, pero eso no lo amedrenta porque sabe que la otra opción es seguir siendo oprimido y romper con eso bien vale su lucha.

Hoy se va a leer la condena a José Pedraza, y a los imputados en el crimen contra Mariano Ferreyra, contra un Militante Revolucionario, un Joven que no dudó en ponerle el cuerpo a la lucha, un joven que comenzó a militar cuando tenía 13 años de edad y cuyo convencimiento no hizo más que crecer a lo largo de 10 años, en los que participó de muchas y diversas luchas, siempre por la clase obrera y bajo las banderas del Socialismo, hasta que una bala que salió del corazón del ESTADO, de lo más podrido, le puso fin a su vida. Un ejemplo de militante, cuyo asesinato en lugar de darnos miedo a los que luchamos por sus mismos ideales nos da más fuerza, nos da más moral, porque es a esta lucha, bajo estas ideas, a las que queremos dedicar nuestras vidas.

Las ideas y las prácticas revolucionarias exigen lo máximo de sus militantes, su abnegación, su formación, su ruptura con sus límites y contradicciones, para muchos la superación de grandes límites impuestos por el mismo sistema, económicos, sociales, de formación y convencimiento. Exigen también su cuerpo y su vida, pero a cambio le ofrecen algo mucho más grande que lo que cualquier proyecto de vida podría ofrecerle: luchar por esa victoria, ser una parte aunque sea minúscula de la realización del conjunto de los hombres y mujeres del mundo, poder levantarse codo a codo con los oprimidos, con su clase, en contra de los opresores y terminar con ese abuso, con esa miseria, con ese sufrimiento, demostrar que a pesar de tanta sangre corrida y por correr, de tantas vidas que el sistema se cobro y se cobra, sus ideas inevitablemente van a triunfar.

MARIANO FERREYRA PRESENTE! AHORA Y SIEMPRE!

jueves, 18 de abril de 2013

Tensiones políticas, pasiones sociales y tendencias a nuevos choques. Apuntes sobre la crisis en Venezuela




 Eduardo Castilla

Karl Von Clausewitz señala en el primer capítulo del libro De la Guerra que dos motivos impulsan a los hombres al enfrentamiento: los sentimientos hostiles y las intenciones hostiles. Si los primeros pueden ser encuadrados en el orden de las pasiones, los segundos deben buscarse en el orden de la razón. Si resulta complicado imaginar cualquier conflicto bélico sin la concurrencia de las pasiones, no son éstas sin embargo las que guían la guerra, sino la política, estrechamente ligada a la intención hostil. Pero el papel de las pasiones puede ser mayor en la medida en que grandes intereses se hallen en juego. Eso y no otra cosa es lo que sostenía el militar prusiano cuando escribía que “esa medida no depende del grado de civilización, sino de la importancia de los intereses en conflicto y de la duración del enfrentamiento”.
Clausewitz teorizaba la guerra entre estados, donde la política de los mismos era su sustancia, base de la voluntad que debía ser impuesta en el combate. Un sano intento de evitar las traslaciones mecánicas obliga limitar los efectos de estas formulaciones en el terreno de las relaciones entre clases sociales. Un marxismo que intente pensar desde la predominancia estratégica tiene que tomar las pasiones que se ponen en juego en los conflictos sociales. Cierto es que esas pasiones hallan su base material en los intereses de las clases. Pero sólo un materialismo estalinista (vale decir mecanicista) puede reducir la lucha de clases al interés económico directo.
Si trazamos una línea por la historia reciente de Venezuela, veremos que sentimiento hostil e intención hostil han estado presentes entre las masas por las últimas décadas. Esos sentimientos hostiles hacia el viejo régimen del Pacto de Punto Fijo se expresaron en las calles en el no tan lejano Caracazo que creó un nuevo punto de partida como toda gran acción de masas y “condujo” hasta el régimen chavista. Éste reconfiguró las tendencias políticas creando las bases para un desarrollo nuevo de sentimiento e intención hostil, dividiendo abiertamente a la nación y exportando esa división a escala internacional. 
Durante parte de la década que terminó la oposición venezolana, de la mano del imperialismo, intentó una política abiertamente golpista que fracasó y llevó al fortalecimiento del vínculo de las masas pobres con el chavismo. Esto no implicó que desapareciera la profunda división social que le daba origen a aquella política. El “golpismo” tenía raíces sociales profundas no sólo en la vieja casta política sino en fracciones de la misma burguesía, como lo mostró la presidencia de 47 horas de duración del burgués nativo Carmona allá por el 2002.

La emergencia de una fuerte crisis política

En estas horas de crisis que corren a paso veloz desde la elección del domingo no ha hecho más que emerger el sentimiento hostil de las masas. Sentimiento hostil que hoy se expresa claramente desde la derecha, como se ha visto en los asesinatos brutales cometidos contra trabajadores y militantes chavistas que defendían los CDI (Centro de Diagnóstico Integral) y las sedes de la Comisión Nacional Electoral. Esto tiene una expresión que ponen de manifiesto los 7 muertos y más de 60 heridos que se contabilizaban en la tarde del martes. Que los asesinos de esas personas sean grupos fascistas reclutados por la oposición como señala Elías Jaua, o que se trate de sectores antichavistas militantes convencidos no altera más que los niveles del fenómeno. Los grupos fascistas no podrían asesinar (e incluso intentar quemar viva a una persona) sino contaran con los sentimientos hostiles de franjas amplias de la población. Franjas que, en las elecciones del pasado domingo, intentaron torcer el rumbo del país por medio de la boleta electoral pero que, al fracasar, se movilizan activamente para imponer el recuento de los votos. Que el sentimiento hostil supera claramente a la intención hostil lo ponen de manifiesto los llamados de Capriles a movilizarse en paz. La suspensión de la marcha originalmente convocada para este miércoles en Caracas se hizo en aras de “controlar las emociones”.
Si tomamos una definición amplia de guerra civil, como la que esboza León Trotsky aquí, donde la lucha de clases rompe los marcos de la legalidad, podríamos decir que vimos elementos embrionarios de guerra civil en estas horas y que la suspensión de la movilización buscó evitar una escalada. Desde ese punto de vista, el enfrentamiento físico, basado en la profunda polarización social, está inscripto en la dinámica del conjunto de la situación. Evitarlo ha sido el objetivo de Capriles, pero eso no asegura que los sentimientos hostiles no emerjan por otros poros de la sociedad. 
Las opciones políticas están acotadas. Capriles ha retrocedido momentáneamente para evitar enfrentamientos mayores, pero se halla en una encrucijada. Es el verdadero ganador de la jornada del domingo, el candidato único e indiscutido de la oposición. Pero si retrocede en esta pelea puede perder su lugar de mariscal. Maduro, y el conjunto del chavismo, se hallan asimismo sobre el filo de la navaja. De ahí el adelantamiento el intento de cerrar la crisis por adelantado con las declaraciones del pasado lunes 15/4. De ahí también la extrema dureza de impedir la movilización proyectada para el miércoles. Permitir el recuento implicaba abrir una crisis política de larga duración con la legitimidad cuestionada. Negarlo y presentar el hecho consumado ha desatado otra crisis de las mismas características. Oposición y oficialismo están atados por la profundidad del antagonismo social. De ahí sus estrechos márgenes para retroceder. El sentimiento hostil impone su fuerza a la intención. 

La reemergencia de la derecha

En estos días que pasaron, la reivindicación del éxito electoral chavista ha sido repetida hasta el hartazgo por la intelectualidad autodenominada progresista.  Al mismo tiempo, la crisis detonada por la negativa de Capriles a aceptar los resultados de la elección ha sido condenada por antidemocrática. Pero donde los intelectuales resaltan las puras formas democráticas  y la ausencia de respeto hacia ellas, se encuentran poderosos intereses materiales. No sólo locales sino a nivel internacional. Es esa la explicación de la “presión diplomática” de EEUU en el sentido de pedir que se realice el recuento.
Capriles siguió siendo el candidato de la derecha pro-imperialista. Su “chavización”, como bien señala Fernando Rosso, fue un homenaje a la relación de fuerzas más general. Pero fue la forma táctica de intentar volver al poder que tuvo esa derecha. Cambiaron los medios pero no los fines. Si no cambiaron los fines quiere decir que la “voluntad” (en el sentido clausewitziano del término) que se mueve hacia esos fines tampoco desapareció. Por el contrario, la derecha imperialista siguió anidando en las grandes empresas multimedia, en los negocios ligados al petróleo, donde la creación de empresas mixtas le permitió seguir explotando los recursos del país y quedándose con parte de los activos de esas empresas. El Socialismo del Siglo XXI se presentó como una panacea que implicó una limitada redistribución de la riqueza. Importante para las masas pobres marginadas de la vida social y política por décadas, pero impotente para derrotar el poder capitalista atado al capital financiero internacional. La ideología del régimen chavista se presentó como socialista pero las bases materiales sobre las que se montó esa ideología pertenecen a una nación capitalista semicolonial atada estructuralmente al petróleo. Desde ese punto de vista, la continuidad del poder material de la derecha es terreno fértil para su emergencia política en esta coyuntura. En ese marco deben ser inscriptas las dos devaluaciones que llevó adelante Maduro y su impacto sobre el nivel de vida de las masas que, seguramente, abrieron la posibilidad del cambio de tendencia electoral y la fuga de votos hacia Capriles, incluso entre los mismos trabajadores, como señalan los compañeros de la LTS aquí.

Los límites del chavismo como movimiento político

El sentimiento hostil de las masas populares hacia la derecha se ha expresado en múltiples formas y ocasiones. Los resultados de las elecciones durante estos casi 15 años dieron cuenta de su identificación con Chávez como defensor de sus intereses frente a las agresiones de la burguesía opositora aliada al imperialismo. Pero ese sentimiento hostil no ha estado acompañado de una intención hostil clara del chavismo hacia los que son considerados los enemigos de la revolución bolivariana y el Socialismo del Siglo XXI.
En la década que terminó las masas populares demostraron dos veces heroicamente que estaban dispuestas a enfrentar los golpes de la derecha: en Abril del 2002, cuando por decenas de miles marcharon en defensa de Chávez y lograron derrotar el golpe orquestado por el imperialismo, los empresarios de Fedecámaras y sectores de las Fuerzas Armadas. Luego, enfrentando el durísimo lockout patronal en el petróleo que llevó a una enorme crisis de la finanzas del país a fines de ese año e inicios del siguiente. Esos dos triunfos de la acción de masas configuraron una relación de fuerzas a su favor.
Pero el chavismo, lejos de utilizarla para dar nuevas estocadas, prefirió actuar como Von Clausewitz afirmaba no debía hacerse en la guerra: de manera benevolente. La amnistía a muchos de los golpistas de abril del 2002 fue una señal de esa benevolencia política que mostraba la intención de negociar con las viejas clases dominantes.  El chavismo, al igual que el conjunto de los movimientos nacionalistas burgueses (algunos de los cuáles pueden ser tipificados como bonapartismos sui generis de izquierda) fue incapaces de desarrollar hasta el final el enfrentamiento con el imperialismo. Los finales de ese tipo de regímenes se reparten, grosso modo, entre la capitulación o el derrocamiento golpista. La respuesta de las masas a esos retrocesos siempre necesitó emerger desde abajo, rompiendo los diques de contención puestos por esas direcciones burguesas. El caso del peronismo es ilustrativo. Como hemos señalado alguna otra vez, citando a Alejandro Horowicz “el peronismo resultó el camino defensivo del movimiento obrero (…) a condición de que las diferencias se dirimieran parlamentariamente, pero mostró su incapacidad de defenderse eficazmente cuando la oposición política abandonó el terreno de la legalidad constitucional”. En estas horas hemos visto la emergencia de tendencias, aún muy incipientes, a la ruptura de la legalidad constitucional construida bajo el chavismo. Así, frente a una nueva situación que pondrá a prueba la capacidad de resistencia y acción de las distintas capas de la política y las clases de Venezuela, se abre una tarea urgente para las masas pobres y la clase trabajadora: superar los límites impuestos por la dirección política burguesa del chavismo.
Una de las paradojas del Socialismo de Siglo XXI es la limitada capacidad de acción autónoma que el chavismo permitió a las masas. El conjunto de las instituciones que durante años han sido propagandizadas como desarrollo de las tendencias a la autonomía de masas (milicias populares, consejos comunales, etc.) tiene más de intención y deseo que de realidad material. Es que las tendencias bonapartistas son incompatibles con el desarrollo de instituciones que tiendan hacia la autonomía. Algo sobre eso hemos reflexionado aquí.
La clase trabajadora y el pueblo pobre necesitarán poner de pie su propia organización política para intervenir en el desarrollo de esta crisis. Eso implica, como se señala en esta declaración la inmediata organización de formas de autodefensa frente a los ataques de la derecha, así como dar pasos en la organización de instancias propias de la clase trabajadora, capaces de permitir aglutinar sus fuerzas, tensarlas y prepararlas para los combates por venir.