sábado, 11 de febrero de 2012

Tinogasta: entre el silencio de Cristina y las tendencias a la acción directa


Las imágenes de la represión en Tinogasta son brutales. Mujeres con niños llevados por la policía, personas golpeadas en el piso, muletas que ocupan el centro de la pantalla, las caras cubiertas para que la “identidad” represora quede a salvo.
Imágenes del menemismo se dijo acá. No es para menos. Decenas de presos entre ayer y hoy para defender los negocios de grandes pulpos imperialistas que destruyen el medio ambiente mientras envenenan las aguas y la tierra. Represión al servicio del saqueo imperialista.
Pero mientras la represión es condenada de manera unánime, incluso por algunos de los funcionarios del gobierno nacional como Aníbal Fernández, (que “olvida” la represión en el Indoamericano) CFK aturde con su silencio. Una vez más, el silencio es la política predilecta frente a estos hechos. Ya lo vimos cuando los hermanos Qom fueron asesinados por el gobernador aliado de Cristina, Gildo Insfrán. Ya lo vimos en Ledesma cuando el pueblo trabajador, que exigía vivienda en el país del crecimiento a tasas chinas fue reprimido, asesinatos incluidos, por la policía provincial del gobernador (también K) Walter Barrionuevo.
¿Casualidad? ¿Azar? Nada de eso. Frío cálculo político. Lógica implacable de los hechos.
Como se ha señalado acá, el kirchnerismo y el cristinismo constituyen un movimiento político ligado estrechamente en sus orígenes a la crisis política y social de diciembre del 2001. Su carácter es el resultado del intento de recomponer la autoridad política estatal luego de las jornadas revolucionarias de aquel diciembre caliente.
Pero ese proceso implicó un movimiento contradictorio. Para verse forzados a restaurar la confianza en las instituciones, tuvieron que tomar aspectos de ese lenguaje que se expresó en las calles, tuvieron que ser “agentes” de algunas de esas demandas. Agentes de su perversión, de su aggiornamento, de la pasivización, de su negación, pero agentes al fin.
Sobre esa base creada por años de doble discurso, de defensa de los derechos humanos, de juzgar a los genocidas, de repudiar los 90, de recuperar la soberanía, de muchos etcéteras de ese tipo, se opera el actual giro político. Por lo tanto no es gratuito. Tiene su costo, sobre todo ante aquellos que en estos años confiaron, creyeron, se ilusionaron con el cambio de paradigma político.
Pero la defensa de CFK de las mineras tiene una lógica de hierro. Cristina y Néstor fueron grandes abogados de las petroleras en los 90, época del inicio indiscriminado del saqueo  a la nación ¿Cómo no iban a serlo de las mineras en estas épocas de esplendor?

Un régimen que no termina de ser

¿Llegó el kirchnerismo-cristinismo a recomponer la autoridad del estado burgués? Sí y no. Sí porqué logró que amplios sectores de la población vuelvan a creer en el voto como mecanismo de decisión, como señaló el amigo Juan Dal Maso acá hace unos meses.
No, por qué no logró la reconstrucción de un sistema de partidos y de figuras políticas capaces de actuar con fuerza en momentos de crisis social aguda. Salvo la figura de Cristina, todos los demás son reemplazables en el elenco oficial y eso constituye una debilidad central a la hora de pensar las respuestas burguesas ante la crisis en curso.  
En esa debilidad del régimen político de la burguesía argentina, radica la necesidad de “preservar y de preservarse” a (de) Cristina. El bonapartismo como régimen de dominio tiene implícita esta contradicción. Elevar a una figura por sobre el conjunto de las clases y los sectores sociales, transformarla en el árbitro(a) de la nación, significa ponerla en el centro de la escena y, permanentemente, tratar de sacarla de allí.
Cristina juega el papel de decir quién “puede” y quién no “puede” hablar. Qué discurso es legítimo y cuál atenta contra la nación. Quién está a favor del progreso del país y quiénes son “dogmáticos” que lo retrasan. Pero al mismo tiempo carga con el peso de esas decisiones. Es la responsable de los gestos políticos por ella avalados. La represión en Tinogasta y en Belén es un legítimo producto de los enfervorizados discursos de CFK contra la acción directa y a favor de la minería.

Los “aliados” del modelo y las tendencias a la acción directa

Precisamente porque hay que evitar de alguna manera que CFK cargue con todo el peso de las decisiones tomadas en este giro, el papel de los gobernadores es fundamental. Como señalamos acá hace poco más de un mes “El aparato peronista es central en el esquema de dominación capitalista en Argentina. En todo caso la pelea del cristinismo, con sus múltiples corrientes, es una pelea por apropiarse de “su” parte del aparato y dirigir (negociando, cooptando y extorsionando) al conjunto del mismo”. Es en este contexto que el gobierno nacional no puede prescindir de los Insfrán, Barrionuevo, Corpacci. No sólo se terceriza al ajuste sino también la represión.
 Y el silencio es fundamental. Tiene un alto significado político. Cristina no puede condenar lo que avala en cada aparición pública. Pero tampoco puede avalar lo que muestra la continuidad con la vieja política de los 90’. En esos silencios se expresan los límites de la recuperación del régimen político burgués en la Argentina.
Y ese es un hándicap para las masas trabajadoras del país. A ello se suma una “herencia” que el kirchnerismo-cristinismo no pudo borrar: las tendencias a la acción directa que se sostienen desde el 2001  y son un elemento actuante a futuro, cuando el movimiento de masas desarrolle una resistencia a los planes de ajuste y sus consecuencias.
Como dijimos acá, fueron “las tendencias asamblearias y a la acción directa. Las asambleas populares surgidas al calor de las jornadas de diciembre sentaron una tradición que se continuó en distintos sectores del movimiento de masas. Tradición que se enlazó y combinó con las tendencias a la acción directa como medio de solución a diversos reclamos”
Esto es lo que se viene expresando en la lucha contra la contaminación ambiental y la minería a cielo abierto. Esa es una de las tareas “inconclusas” del kirchnerismo. De ahí su necesidad de avalar, con su silencio, cada hecho represivo.  

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